Nos confundimos con las concordancias. Hablamos un poco a trompicones y no acertamos a veces a ajustar sujetos con verbos, plurales con singulares, femeninos con masculinos… Pero cuando escribimos todo cambia: se puede repasar lo leído y comprobar que hemos escrito algo raro, que a veces resulta jocoso, chusco, gracioso o absurdo.
Tenemos varios tipos de concordancias: una es la de género y número. La casa vieja. Los viejos tontos. Artículo, sustantivo y adjetivo concuerdan.
La duda puede surgir cuando tenemos dos o más nombres o sustantivos: La sal y el agua se mezclan. Marcelino, Jacinto, Soledad y mi padre se zurran de lo lindo.
Sobre este tema importante hay mucho más en Escribir bien para torpes, Anaya, 2013.
Un ejemplo:
Emilio Lledó es un profundo filósofo y gran estilista. Maneja el castellano
como pocos. Me recuerda a Ortega.
La semana pasada corrí para que me firmase su nuevo título Los libros y la libertad, que estoy leyendo. Qué bien escribe. Sin embargo en la página 10 observo:
"Una peligrosa trampa con la que la inteligencia y la sensibilidad humana vencieron..."
Donde se le ha trucado la concordancia. Los buenos escribamos también echan borrones.
Por eso debemos tomar la decisión de no descuidarnos nunca.
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