Este es el secreto, la clave de escribir bien.
No hay que esforzarse mucho. No debemos rizar el rizo.
El secreto de escribir quizá sea hacerlo de una manera natural y sencilla adaptada a la personalidad de cada cual.
Una vez somos conscientes de la técnica del lenguaje escrito, tal como lo explico en Escribir bien para torpes, desarrollar un tema resulta espontáneo y cómodo. Thoreau nos decía que debíamos simplificarlo todo, no enredarlo, para que fuese siempre ajustado a la naturaleza. Simplify. Simplify, decía.
No tratemos jamás de ser culteranos o gongorinos y no redactemos párrafos incomprensibles que puedan resultar hasta ajenos a nuestra personalidad y modo de pensar. Cada cual es como es y no es posible —ni deseable— cambiar de forma de ser cuando redactamos.
La prueba última de la buena prosa consiste en la solidez sencilla del razonamiento que la sustenta. Debemos asegurarnos de que todas las frases están bien pensadas y que no contienen falacias, inconsistencias o absurdos como: "Claro que fue culpa del contrario, era una mujer la que conducía". O "Llevaba una capa larga y un sombrero del mismo color".
El resto es coser y cantar.
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