Mucho antes de ponernos a escribir tendremos que considerar el asunto, pensar en la trama, darle vueltas al tema, ordenar las ideas, las impresiones, el tumulto y el caos de sentimientos que corretean por entre nuestras neuronas.
Para lograrlo necesitaremos siempre un buen diseño, un bosquejo, un guión, una estructura sólida que tenga en cuenta todas las piezas del entramado sobre el cual vamos a edificar nuestra redacción, como ya he apuntado arriba.
Pensar, pensar y pensar es básico y la clave principal de la escritura. Un buen paseo nos da ese solaz que se necesita para conseguir ideas que en una hamaca no aparecerán en nuestras mentes. Esto depende también del tipo de escrito: para una carta larga de amor, no necesitamos todo esto y es mejor coger la pluma —las cartas de amor deben escribirse a mano— y volcar nuestros sentimientos como sea, atropelladamente, sin pensar, solo con sentimientos.
Un ensayo, una conferencia, una clase, una novela, una presentación, deben meditarse y estructurarse con sosiego, y sólo cuando creamos que tenemos consideradas las ideas básicas nos pondremos a escribir, a desarrollar el tema.
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